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viernes, 3 de febrero de 2012

Claude Luter, el clarinete del jazz



Claude Luter (izda.) con Louis Armstrong (1970)
Hijo de un músico profesional, Luter descubrió a temprana edad el jazz de Nueva Orleans, estilo que nunca abandonó a lo largo de su dilatada carrera profesional. Tras una corta etapa como cornetista, inmediatamente adoptó el clarinete, a imitación de su, por entonces, idolatrado Johnny Dodds. Sus primeros pasos como clarinetista los dio en el París de la ocupación. Luter actuó en algunas fiestas sorpresa y gracias a ello pudo salir adelante durante tan críticas fechas.
Con la Liberación, inició su andadura profesional propiamente dicha, empleándose como músico de acompañamiento en diversos clubes y cabarets del emergente Barrio Latino. En mayo de 1946 se estrenó como director de orquesta, inaugurando la parrilla del hotel Lorientais, el primero en la larga lista de locales con jazz que dieron renombre al barrio. El éxito de su música, fiel al modelo del jazz trad, hizo que el lugar fuera frecuentado por la intelligentsia parisiense del momento. Entre los asiduos se contaban Jean-Paul Sartre, Raymond Queneau, Jacques Becker...
El destino de Luter estuvo igualmente ligado al del Festival de Jazz de Niza (Grande Parade du Jazz de Niza), cuya primera edición tuvo lugar entre el 22 y el 28 de febrero de 1948. Luter y sus Lorientais actuaron en representación del jazz francés, acompañando al gran Louis Armstrong. Al año siguiente, el clarinetista participó en el Primer Festival de Jazz de París junto a Sidney Bechet, quien había pasado de tocar el clarinete al saxo soprano; al punto, Luter se convirtió en el mejor alumno que nunca tuvo el ilustre pionero del jazz y, también él, pasó a tocar el saxo soprano en un estilo que recordaba inevitablemente al del primero. La relación entre Bechet y Luter se mantuvo a lo largo de la década, hasta el fallecimiento del veterano jazzista en París, en 1959.
En su calidad de embajador del jazz francés, Luter actuó por toda Latinoamérica, la Unión Soviética (1962) y los principales escenarios del jazz europeo, muy notablemente el Festival de Niza, a cuya cita nunca faltó. En mayo de 1997 viajó a Nueva Orleans para participar en los actos conmemorativos del centenario del nacimiento de Sidney Bechet.
Fallece el 6 de octubre del 2006 a los 83 años de edad.

viernes, 8 de abril de 2011

Andrés Perez y Sting en Viña del Mar

El saxofonista y clarinetista chileno Andrés Perez que hizo los solos durante la presentación del músico inglés en el reciente Festival de Viña, junto a la Sinfónica de Chile. Lo hizo invitado por Sting, en su show Symphonicity junto a la Orquesta Sinfónica de Chile. Andrés Pérez (27) es un prominente saxofonista y clarinetista dedicado al jazz que ha trabajado como músico de sesión, arreglador, compositor, productor de discos y en la Orquesta del Festival de Viña del Mar. En esto último estaba la noche del miércoles 23 de febrero cuando apareció una productora de Chilevisión solicitando, con carácter de urgencia, a alguien que pudiera tocar el solo de clarinete en el tema Englishman In New York, de Sting. Pérez dio un paso al frente. “Necesitamos que vayas a ensayar mañana a Santiago”. Eran las 4 de la mañana. A las 8 lo recogió una van y le entregaron las partituras. Todo rápido. El concierto era al otro día. “Llegué a Santiago, revisé las partituras, busqué mi clarinete y me presenté al ensayo a las 2 de la tarde, cuando acababa de llegar el director (Steven Mercurio)”, cuenta. “Empiezan a ensayar y yo con la guata apretada, con todo el stress porque igual me había metido en un zapato grande, era una tremenda responsabilidad. Una cosa es tocar un solo, otra hacerlo en la Quinta Vergara para 15 mil personas, con transmisión televisiva para millones, y otra cosa más es tocar para Sting, con una orquesta de más de 40 músicos y un director cabezón. Había una presión muy grande. Ensayamos de 2 a 5 pm. Y me pidieron que nada de partituras para el show, así que tenía como 4 horas para memorizar todo lo que tenía que memorizar y entender la estructura del tema. Fue intenso”. Durante el ensayo, y por la manera en que Pérez tocaba el clarinete, el experimentado Steven Mercurio se le acercó: “¡Ah, tú eres saxofonista! ¿Te gustaría tocar saxo?”. Entonces le revelaron la música de They Dance Alone (Ellas Bailan Solas), la canción que Sting estrenaría en homenaje a las madres de detenidos desaparecidos. “Fue súper fuerte, pero yo feliz me fui escuchando el tema a la vuelta a Viña, donde tenía que ensayar con la Orquesta para la Competencia Internacional”, narra. ¿Cómo fue tu experiencia personal con Sting? Apareció el mismo viernes en la prueba de sonido. Y como que a todos los músicos les vuelve el alma al cuerpo, empiezan a tocar con más ganas. Todos como sacando el rollo, como decimos en buen chileno. Ahí probé el tema con saxofón y Sting me dijo: ‘Por favor, libre, ese es tu solo, haz lo que quieras’. Además fue muy gentil, muy amable, me dijo que me soltara, se puso a saludar a la orquesta, se metió entre medio de las percusiones. Generó un ambiente de trabajo muy familiar, no marcó la diferencia como suele suceder con algunos artistas. Sting se compenetra muy bien con la gente. ¿Y el momento de salir a tocar? Imagínate, sentir el ruido de la gente manifestándose apenas presentan a Sting. Yo atrás, en bambalinas, no la quería creer. Entonces ahí viene el bloqueo. Tuve que imaginarme que estaba tocando en un boliche para 16 personas cuando en realidad eran 16 mil, no me quedó otra. Fue más intenso de lo que yo pensé. Yo he tocado varios años en la Orquesta del Festival, conozco al famoso monstruo, pero antes era más distante porque estás atrás, acompañando, es otra vibra. Cuando te paras adelante, al lado de un artista y te pones a pensar en todo eso no puedes tocar, entonces la única opción es encerrarse en tu propio mundo y darle pa’ delante. ¿El solo que hiciste en They Dance Alone fue improvisado? Totalmente. Jugó un rol importante el estilo en que me desenvuelvo. Yo no soy músico clásico, soy músico popular con formación jazzera. Amo el jazz, el bolero, el chachachá, de todo. Y el músico popular tiene la ventaja de que está preparado para lo que suceda. No eres prisionero de una partitura, sino que vas de la mano de tus ideas, entonces tu música vibra en la medida en que las ideas se van manifestando espontáneamente. La base del jazz es la improvisación. Eso me jugó a favor, porque estás pendiente de todo, no de una partitura. Y piensa que Sting ama el jazz, es contrabajista y trabaja con tremendos músicos de jazz como Branford Marsalis, Kenny Kirkland, entre muchos otros. Si tú analizas sus composiciones, es una música muy bien pensada, y para qué hablar de las letras, es un poeta. Entonces son lenguajes comunes. Distinto habría sido haber tocado para Ricardo Arjona. El hecho de tener a un tipo muy bien parado, cantando increíble y teniendo un liderazgo tan fuerte sobre sus músicos es el mejor mensaje que me dejó. Esa manera de hacer música te hace entender muchas cosas. Porque para llegar a ser grande tienes que ser el mejor: estudiar mucho, ser disciplinado, respetuoso, generar un ambiente grato de trabajo y ser muy claro en lo que haces y lo que quieres. Sting tiene la película muy clara. Una vez que empieza la música te quedan claras muchas cosas. ¿Qué te pareció el hecho de que hayan sido los artistas foráneos los que pusieron énfasis en los chilenos? Creo que todavía existe ese prejuicio de que lo chileno no es bueno. Que venga gente de afuera, monstruos de la música, a darte una lección de que el medio está errado, de que aquí existen artistas de nivel mundial, a mí, por la gente que produce eventos masivos, me da vergüenza ajena. No saben lo que se están perdiendo. Pero es una característica propia del país, miramos mucho hacia afuera. Nuestro arte, nuestras ideas están acá. Más que rabia me da risa y un poquito de vergüenza. A nosotros afuera nos sucede al revés. En Brasil escuchan a Christian Gálvez y se enferman de los nervios, no pueden creer que pueda existir un bajista tan bueno, tan bueno que viene Stanley Clark y se lo lleva a una gira internacional. Entonces es curioso lo que sucede en Chile. Creo que también es muy amable de parte de ellos de reconocernos, de darnos parte de su show, de su tiempo y de su historia musical. Es un tremendo regalo. Estoy muy agradecido. Pero creo que es importante que la gente en Chile empiece a reestructurar su concepción del arte. Por estos días, Andrés Pérez se encuentra terminando The Real Book, una recopilación de jazz escrito que empezó en 2008 siguiendo la tradición iniciada en EEUU en los años 20, cuando los músicos europeos, que quedaban boquiabiertos con esta música negra, se dedicaban a transcribirla con fines académicos. “Hice una investigación y recopilé música desde los años 40 hasta ahora. Hay más de 90 compositores y 200 partituras inéditas de jazz chileno. Quiero lanzarlo en septiembre. Se va a repartir en todas las bibliotecas de Chile y en la Universidades y Escuelas que impartan carreras de música. Es un proyecto sin fines de lucro, se distribuirá gratis a través de la DIBAM. Mi sueño es que de aquí a 10 años, toda la gente que estudie música lo utilice como el nuevo cancionero chileno”, dice el saxofonista que se apresta a relanzar este 26 de marzo su álbum solista Santiago Vivo, editado a fines de 2010. Mientras, produce los discos de Santiago Downbeat, Ana María Meza, Matías Radic y prepara el material de su segundo trabajo en solitario. Luego se embarcará en una gira sureña junto al grupo Contracuarteto. Andrés Pérez Quinteto. Fuente: http://www.purojazz.com/2011/03/andres-perez-%E2%80%9Csting-tiene-la-pelicula-muy-clara%E2%80%9D/

martes, 22 de febrero de 2011

Paquito D´Rivera

Paquito D'Rivera, nacido en Cuba el 4 de junio de 1948, fue un niño prodigio al empezar a los cinco años sus estudios musicales bajo la tutela de su padre, Tito, un conocido saxofonista y director cubano. A los seis años ya actuaba en público, y a los siete años, se convirtió en el miembro más joven del grupo que supiese tocar un instrumento, cuando se unió a la famosa compañía, Selmer.
En 1958, cuando apenas contaba con diez años, D'Rivera actuó en el Teatro Nacional de La Habana, dejando estupefacto al público y los críticos. Ingresó en el Conservatorio de La Habana a los doce años para estudiar clarinete, composición, consonancia, y "todo lo demás". En 1965, D'Rivera con tan sólo 19 años, convertido en todo un virtuoso del clarinete y el saxo, actuaba por primera vez, como solista con la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba, en un concierto televisado a nivel nacional. Ese mismo año, D'Rivera y el pianista Chucho Valdés, fundaron la famosa Orquesta Cubana de Música Moderna, de la cual fue director durante algo más de dos años. Ocho de los músicos más jóvenes y aventureros de la Orquesta, se unieron a otros tres músicos para formar Irakere, cuya explosiva mezcla de jazz, rock, música clásica y música tradicionalmente cubana no se había escuchado jamás.
La irrupción en los últimos tiempos de la música y los músicos cubanos en el panorama internacional y su masiva implantación posterior en recitales, conciertos y grabaciones varias, así como la proyección cinematográfica que muchos de ellos han tenido en películas como Buenavista Social Club, Calle 54 o en Los Reyes del Mambo, ha sido decisiva para que la música traspasara la Isla de Cuba y sus músicos dados a conocer en todo el mundo. Nadie duda que entre esos grandes músicos está Paquito D’Rivera, uno de los grandes estandartes de dicho movimiento y de los responsables de su implantación.
Tras fundar en 1965 con Chucho Valdés la Orquesta Cubana de Música Moderna y posteriormente el citado grupo Irakere, con el que causaron sensación en los festivales de Newport y Montreux (1978), se traslada a los EE.UU. bajo la protección de, entre otros importantes músicos, del maestro del jazz, Dizzie Gillespie. Allí comienza su colaboración con los mejores músicos como Arturo Sandoval, Roditi, Michel Camilo y rescata del ostracismo a Bebo Valdés, un pianista, padre de Chucho Valdés que lograría en los primeros años del siglo XXI, un gran éxito con su disco "Lágrimas Negras" junto al cantaor flamenco Diego "El Cigala". Posteriormente graba con la Orquesta Sinfónica de Londres bajo la dirección de Lalo Schifrin, y en 1995 por primera vez con el Caribean Jazz Project; poco después gana el Grammy por su disco "Portraits of Cuba". Ha colaborado con Eddie Gómez, Mc Coy Tyner, Herbie Mann, Tito Puente, Astor Piazzolla, etc. y ha publicado sus memorias en el libro "Mi vida saxual"
Fuente: http://www.clariperu.org/Biografia_Paquito.html

lunes, 16 de agosto de 2010

Don Byron

Don Byron (Nueva York, 8 de noviembre de 1958) es un clarinetista, saxofonista y compositor de jazz.
Hijo de un cartero que tocaba como divertimento en algunas ocasiones el bajo en una banda de calipso y de una profesora de piano. Su afición al clarinete se debe a que de niño, un pariente suyo se olvidó su instrumento en casa de los padres de Byron, y como sufría de asma le recomendaron probrar con un instrumento de viento para mejorar su capacidad pulmonar. En su Bronx natal residió junto a una sinagoga judía, y la música que escuchaba en las fiestas lo marcó de por vida. Comenzó sus estudios musicales con el clarinetista Joe Allard para luego inscribirse en el New England Conservatory en Boston; una vez allí estudió con George Russell. Poseedor de un estilo vanguardista, se diferencia por aventurarse a tocar diferentes ritmos y tipos de música como klezmer, clásica, rap, salsa, funk, o música infantil.

Su reconocimiento internacional llegó por la sorpresa de que un músico negro (y no judío) tocara klezmer, convirtiéndose en uno de los referentes más importantes de este género en la década de 1980, y trascendiendo su trabajo y sus intereses por todo lo referente a la música, sin distinción de estilo.
También se destaca su trabajo en el ambiente de las artes escénicas dado que ha sido el director artístico de jazz de la Brooklyn Academy of Music, arregló la música de varios espectáculos musicales de Broadway, algunas piezas para Kronos Quartet. Además interpretó la banda sonora en el film Kansas City dirigido por Robert Altman y en Lulu on the Bridge de Paul Auster. En 2002 actuó y tocó en Strange Fruit, un documental sobre conflictos raciales en la década de 1930.
Analizando su disco "Romance with the unseen", Don Byron no toma un estilo en particular o la figura de un músico para hacer sus magníficas relecturas sino que pone el acento en la ejecución de su clarinete. Asi el resultado son estas magistrales sesiones de post-bop para las que cuenta con la participación de Bill Frisell, utilizando toda su amplia paleta de colores, Drew Gress y el histórico Jack DeJohnette. De todos modos, y tratándose de Byron, no quiere decir que no haya espacio para la variedad estilística que incluye en el comienzo una composición de Duke Ellington, A Mural from Two Perspectives, en un infrecuente acercamiento a un jazz straight-ahead, más no con el tratamiento que le dedicara a este autor en Bug Music (Nonesuch, 1996); Perdido, un standard donde revitaliza el be-bop; una naif versión de I'll Follow The Sun, de Lennon-McCartney; y composiciones propias más extensas como Bernhard Goetz, James Ramseur and Me y Homegoing identificables con un jazz actual. (Blue Note, 1999).
Fuentes: http://www.lastfm.es/music/Don+Byron
http://jazzparadescargar.blogspot.com/2008/09/don-byron-romance-with-unseen.html