sábado, 31 de marzo de 2012

John Hollenbeck, baterista en la búsqueda del placer

La subyugante oferta musical que integra el prodigo universo sonoro del compositor y baterista John Hollenbeck lo ha elevado con justicia al cenit imaginario en el que se ubican los artistas más creativos de la última década. En su trayectoria reciente se dan cita en perfecta sincronía proyectos paralelos de equivalente calidad, tales como el incomparable The Claudia Quintet, sus respectivos dúos con el saxofonista Jorrit Dikstra y el cantante Theo Bleckmann, The Refuge Trio y el recientemente constituido Hello Earth!. No obstante podríamos colegir que, de ese vasto territorio estético en el que confluyen e interceptan entre otros géneros el jazz, la música de cámara, el minimalismo, la música folk y el post-rock; es el John Hollenbeck Large Ensamble la propuesta que mejor contiene su pensamiento orquestal de avanzada y la exuberancia de los ideales artísticos que lo distinguen.
La plenitud estética de este emprendimiento ha quedado debidamente testimoniada en los álbumes A Blessing de 2005 y Eternal Interlude de 2009 ya que ambos trabajos, además de impulsar una eminente renovación del concepto de big band, han permitido un reposicionamiento de los principios tendientes al mestizaje de jazz y música clásica otrora enarbolados por la third stream o tercera corriente y su precursor, el jazz sinfónico. Las composiciones pergeñadas por John Hollenbeck para este ensamble se caracterizan por su fuerte anclaje a la partitura, espacios de improvisación acotados a los instrumentos solistas, un encuadre de la masa sonora que privilegia la textura, el timbre y la dinámica en comunión con nociones cromáticas heredadas de Gyorgy Sandor Ligeti, una liberación de las estructuras sinfónicas tradicionales a la manera de los postrománticos y una apropiación de elementos de libre atonalidad asociados a Arnold Schoenberg.
El fulgor académico que manifiestan sus composiciones no se circunscribe a las elites de la música culta ni se ajustan con exclusividad a los restringidos márgenes que delimitan el territorio asignado al jazz de vanguardia. Por el contrario, en las ideas que emanan de sus partituras se expresa una heterodoxia siempre vinculada a las nuevas corrientes de la música creativa pero canalizada mediante una explícita y deliberada orientación a desacralizar la actitud intelectual exagerada y con una pertinaz búsqueda por construir sensaciones auditivas placenteras.
El arte musical une a la obra con su autor; pero en el caso de John Hollenbeck, al igual que con otros elegidos, está presente la indisimulable intención de extender ese enlace a quienes acceden a la misma. Es decir que su propuesta artística conlleva la indisimulable aspiración por lograr que el creador, la obra, su exposición y posterior contemplación, se vinculen entre sí a través del placer.

viernes, 2 de marzo de 2012

Billie Holliday, Strange fruit y Eduardo Galeano


La empresa Columbia se negó a grabar esa canción, y el autor tuvo que firmar con otro nombre.

Pero cuando Billie Holliday cantó Stran fruit, cayeron las barreras de la censura y el miedo. Ella cantó con los ojos cerrados y la canción fue un himno religioso por obra y gracia de esa voz nacida para cantarlo, y desde entonces cada negro linchado pasó a ser mucho más que un extraño fruto colgado de un árbol, pudriéndose al sol.

Billie,

la que a los catorce años lograba el milagro del silencio en los ruidosos puteros de Harlem donde cambiaba música por comida,

la que bajo la falda escondía una navaja,
la que no supo defenderse de las palizas de sus amantes y sus maridos,

la que vivió presa de las drogas y de la cárcel,

la que tenía el cuerpo hecho un mapa de pinchazos y cicatrices,

la que siempre cantaba como nunca
Fuente: Eduaro Galeano "Espejos, un historia casi universal"

lunes, 20 de febrero de 2012

Tony Malaby, en el Festival de Guimaraes



Al primer intento no se pudo terminar y lo dejamos para la noche siguiente. Relajado y locuaz, entre los descansos de las jam sessions que tuvieron lugar en el pasado Festival de Guimarâes, Tony Malaby contesta a estas y otras cuestiones. De padres mexicanos, empezamos en inglés y acabamos largo y tendido en español. Salimos a una pequeña plaza. La lluvia caía con suavidad sobre el suelo medieval de esta ciudad.
¿Sonido o silencio?
Pienso que debe ser una combinación bien entendida de ambos. Para mi el silencio es una escucha creativa que viene provocada por el compañero. Es esa espera mientras él va construyendo su solo y su música crece dentro de ti y te impulsa.
(le comento que en algunos vídeos, dentro del grupo
Bigmouth de Chris Lightcap, le he observado mientras, por ejemplo, Craig Taborn exponía el tema con un Fender Rhodes)
Sí, Craig está en otra dimensión… Es increíble tocar con él. Pasa con otros muchos buenos músicos también, esa es la gran fortuna de esto. Le tengo mucho cariño a este proyecto de Chris.
¿Notas o sonido?
Para mi es más importante el sonido.

¿Norte o Sur?
¡¡Sur!!

¿Montaña o playa?
Playa.

¿Perro o Gato?
Perro.

¿Té o café?
Soy de café.

¿Sombrero o gorra?
(mira hacia arriba)
Ahora un paraguas no estaría mal… (risas).
¿Vino o cerveza?
Me gustan los dos, depende del momento. 
¿El primer disco que recuerda haber escuchado?
A ver… Debió de ser por los 70. Uno de Dexter Gordon… Stable Mable(SteepleChase, 1975), ¿podría ser?... Lo escuchaba día tras día durante semanas. ¿Sabes? Años más tarde, sería a finales de los 80, le vi en un concierto en Los Ángeles. Y con lo primero que me quedé fue con la chaqueta que llevaba ese día. (se lleva las manos a la cabeza) ¡Y era la misma que tenía en la foto de portada de aquél disco! Me dije (se le ilumina la cara y sonríe abiertamente), ¿y a esto te quieres dedicar? (risas).

¿La situación más ridícula o surrealista que le ha sucedido sobre un escenario?Uff, no sé… Creo que fue en un aeropuerto de un país asiático, no recuerdo. De pronto me vi desbordado por tanta información que había a mi alrededor: gente de arriba a abajo, locución por altavoces, tiendas, letreros… y allí estaba yo en medio, tocando... ¿Qué hago aquí?
¿Cuál fue el último concierto de otro músico en el que estuvo?Ayer mismo, aquí, el de
Henry Threadgill con su grupo Zooid, a quien no había visto antes. Me gusto mucho, es algo increíble. ¡Qué música! Creo que en las últimas décadas es uno de los pocos que ha creado un mundo propio.
¿Siempre hubiera querido haber tocado con...?Cumplido mi gran sueño de haber compartido muchos conciertos al lado de Paul Motian (1), a mi me gustaría tocar a trío con Jack DeJohnette. Me encantaría tocar con Jack (¿Aunque fuera, y ya es difícil, dentro del trío de Keith Jarrett?) Sí, claro, por qué no. (risas).
¿Lo mejor de ser músico…? La importancia de la soledad que se necesita para hacer esto, para ensayar, para practicar, para hallar la paz dentro de uno que te permita apreciar y poder expresar con libertad…para que uno sea…¿cómo se dice?… como un conductor que haga que la creatividad fluya... Cierto, no es fácil con tanto viaje encontrar la soledad, pero uno la busca en los hoteles, trabajo mucho en los hoteles.
¿Y la peor?¡Aeropuertos!
¿Qué es la improvisación para usted?Para mi es algo muy profundo y a la vez algo que tienes que compartir. Yo la siento, y se lo digo a mis alumnos, como un acto de composición. La estructura es importante pero yo diría que el proceso lo es aún más.
Por cierto, viene de dar su clase dentro de los workshops incluidos en este festival, ¿qué le estimula más enseñar o aprender?En la actualidad te diría que son parte de la misma cosa. No te imaginas lo que aprendo de mis alumnos. Por ejemplo aquí, en Portugal, lugar al que vuelvo con cierta frecuencia, con el tiempo veo cómo evolucionan.
Y si yo le digo
Voladores…
Pues es uno de mis discos (2). ¿Pero tú sabes qué son los voladores? Te cuento, es un ritual mexicano muy antiguo en el que unos tipos se cuelgan de los pies en un palo clavado en el suelo y a cierta altura. Cogidos de la parte más alta, empiezan a moverse hasta que consiguen girar con la velocidad sobre el eje. ¡Increíble!
¿Y Tamarindo?Pues es un grupo mío (con Nasheet Waits y William Parker). El tamarindo es una fruta de la India qure tiene un sabor muy especial… increíble… sabe como… (¿mango?) no, conozco el sabor del mango… (¿kiwi?) no, tampoco…
A ver… ¿cómo se diría?... (¿persimón?) Puede, no sé. ¿Nunca lo has probado? (No, ¿es fácil de conseguir?) Bueno, creo que sí (en Nueva York…).
Su película favorita
(Malaby es un gran aficionado al cine, del mudo -Buster Keaton- al clásico -Kubrick-, del experimental -Stan Brakhage- a las series de norteamericanas del momento -The Wire-. Está al día y le dedica gran parte del tiempo muerto de los viajes).
Yo diría que Cinema Paradiso, de Giuseppe Tornatore.
(otro italiano favorito, pienso, acordándome de la respuesta que dio Tomasz Stanko a este cuestionario).Uy
… A mi me pone los pelos de punta ese arranque que tiene Taxi Driver.
¿Y una rareza?
(la lluvia empieza a empaparnos . Malaby se atusa el pelo hacia un lado y se queda pensativo. Y al final vuelve a parecer esa sonrisa traviesa)
Pues una que te recomiendo, que es una locura total, y que es muy reciente. El director es argentino residente en Francia (Gaspar Noé). Se titula Enter the Void (2009), ¿lo has apuntado bien? Vale. Pues quiero que me mandes un correo cuando la hayas visto y me dices qué te ha parecido. El único tipo, hasta ahora, al que le ha gustado ha sido Marc Ducret, ¿le conoces?… (Sí, ya, tenía que ser francés...) La vimos en mi casa una vez que vino a la ciudad.

(aún no la he visto)
¿Su plato de comida preferido?
La comida mexicana, bien picante.
¿Qué libro está leyendo ahora o ha terminado recientemente?
Estoy leyendo Suttree, de Cormarc McCarthy. Antes me había leído de él Blood Meridian y las imágenes que se fundieron en mi cabeza fue… ¡increíble! (¿Y has visto la película sobre de The Road?) Sí, sí, pero el libro es mucho mejor, es por las imágenes que provoca, no necesitas estar frente a una pantalla. (Es duro McCarthy, ¿no te parece?). Me encanta ese realismo.
¿Una ciudad para vivir…?
Pues por el momento Nueva York, con el trabajo y todo eso, pero cuando sea más anciano me gustaría ir al sur… Al sur de Portugal o de Francia.
(1) Este encuentro se produce el 17 y 18 de noviembre, antes del fallecimiento de Paul Motian. Malaby nos anuncia que está grave, ingresado en el hospital. Nos cuenta que se despidió de él en Nueva York antes de salir para Portugal y que la cita que él tenía con el grupo de Motian en el Village Vanguard, programada para febrero de 2012, no tendrá lugar.
(2) Voladores (
clean feed 2009), con Tom Rainey, Drew Gress y John Hollenbeck.

Fuente:http://noiself.blogspot.com/2012/02/tony-malaby-entrevista.html

La veo al menos una vez al año, y ahora con mayor placer desde que tengo un niño.
Una banda sonora…

viernes, 3 de febrero de 2012

Claude Luter, el clarinete del jazz



Claude Luter (izda.) con Louis Armstrong (1970)
Hijo de un músico profesional, Luter descubrió a temprana edad el jazz de Nueva Orleans, estilo que nunca abandonó a lo largo de su dilatada carrera profesional. Tras una corta etapa como cornetista, inmediatamente adoptó el clarinete, a imitación de su, por entonces, idolatrado Johnny Dodds. Sus primeros pasos como clarinetista los dio en el París de la ocupación. Luter actuó en algunas fiestas sorpresa y gracias a ello pudo salir adelante durante tan críticas fechas.
Con la Liberación, inició su andadura profesional propiamente dicha, empleándose como músico de acompañamiento en diversos clubes y cabarets del emergente Barrio Latino. En mayo de 1946 se estrenó como director de orquesta, inaugurando la parrilla del hotel Lorientais, el primero en la larga lista de locales con jazz que dieron renombre al barrio. El éxito de su música, fiel al modelo del jazz trad, hizo que el lugar fuera frecuentado por la intelligentsia parisiense del momento. Entre los asiduos se contaban Jean-Paul Sartre, Raymond Queneau, Jacques Becker...
El destino de Luter estuvo igualmente ligado al del Festival de Jazz de Niza (Grande Parade du Jazz de Niza), cuya primera edición tuvo lugar entre el 22 y el 28 de febrero de 1948. Luter y sus Lorientais actuaron en representación del jazz francés, acompañando al gran Louis Armstrong. Al año siguiente, el clarinetista participó en el Primer Festival de Jazz de París junto a Sidney Bechet, quien había pasado de tocar el clarinete al saxo soprano; al punto, Luter se convirtió en el mejor alumno que nunca tuvo el ilustre pionero del jazz y, también él, pasó a tocar el saxo soprano en un estilo que recordaba inevitablemente al del primero. La relación entre Bechet y Luter se mantuvo a lo largo de la década, hasta el fallecimiento del veterano jazzista en París, en 1959.
En su calidad de embajador del jazz francés, Luter actuó por toda Latinoamérica, la Unión Soviética (1962) y los principales escenarios del jazz europeo, muy notablemente el Festival de Niza, a cuya cita nunca faltó. En mayo de 1997 viajó a Nueva Orleans para participar en los actos conmemorativos del centenario del nacimiento de Sidney Bechet.
Fallece el 6 de octubre del 2006 a los 83 años de edad.

viernes, 13 de enero de 2012

Rudolph Joseph Jones (1923-1985), "El baterista"

El baterista Rudolph Joseph Jones, conocido como Philly Joe Jones, nació el 15 de Julio de 1923 en Pennsylvania Philadelphia. Comenzó a tocar profesionalmente el año 1940 en la orquesta del saxofonista Ben Webster. Posteriormente tocó con Lee Konitz y Zoot Sims y desde 1952 hasta 1958 en el quinteto del trompetista Miles Davis y otros importantes músicos del Bop y Hard-Bop. En el año 1957 viaja a Europa para participar en varios festivales de Jazz. De 1958 en adelante trabajó como un líder, pero continuó trabajando como acompañante con otros músicos, incluyendo a Bill Evans, Art Pepper, Ben Webster, Lee Konitz, Zoot Sims, Tony Scott, John Coltrane,Hank Mobley y muchos otros más.Como líder grabó pocos álbumes, dentro de los cuales el más conocido es "Blues for Drácula". En una entrevista, Bill Evans admitió con mucha convicción, que Philly Joe Jones era su baterista favorito y el mejor de todos los tiempos.
Philly Joe Jones se ha destacado por   su técnica, su swing, su versatilidad rítmica, su gran imaginación para introducir cambios en los tiempos durante las ejecuciones de los temas.ns.
Fallece en 1985.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Entrevistando a un genio: THELONIOUS MONK En JAZZ MAGAZINE 1963

A lo largo de su carrera, Jazz Magazine entrevistó a Thelonious Monk en tres ocasiones. Gracias a su amabilidad y a la de sus traductores, Juan Carlos Hernández en primera instancia y Diego Sánchez Cascado que le dio su expresión final, están aquí recogidas. Las entrevistas a un genio con sus particularidades y su humor particular.
Sobre las estructuras de la música de Monk, su gusto por apartarse del mundo y por el misterio y, un poco más tarde, sobre la enfermedad que parecía haberle condenado a permanecer recluido: mucho se ha hablado de los silencios monkianos. Las entrevistas que publicamos esta semana muestran a un Monk más inhabitual: entre dos silencios.
Nunca me niego a hablar con alguien. Si durante mi carrera no he concedido más entrevistas, sin duda es porque la ocasión no se presentó o simplemente porque este tipo de literatura no interesaba a la gente. Desde luego, el motivo esencial es que los críticos parecen evitarme; y no se por qué. Me echaronh de lado por culpa de unas leyendas asociadas a mi nombre, nunca se esforzaron en buscar la verdad mas allá de las apariencias. "Thelonious esto, Thelonious lo otro". Pero yo siempre he sido el mismo. No sé quienes fueron los primeros en divulgar esas falsedades; el hecho es que, desde entonces, los críticos sienten hacia mí una mezcla de indiferencia y temor.
Quieren convertirme en un personaje misterioso. Dicen que mi obra es extraña, que es incomprensible. No pienso que haya habido nunca nada incomprensible o ilógico en mi música. Toco de la misma manera desde hace 20 años. Ahora mi música es reconocida pero siguen teniendo de mí la misma imagen. La mayoría apenas me conoce y afirma cosas que nunca han tratado de averiguar. Es cierto que no me gusta demasiado hablar con la gente; no soy, como algunos músicos que conozco bien, el tipo de persona que busca a los críticos para hablar con ellos y pedirles que escriban un artículo sobre mí. Pero, cuando vienen a verme, sin ideas preconcebidas, simplemente con el deseo de comprenderme mejor, es posible conocerme, e intento ser lo más amable que puedo. Usted mismo lo esta comprobando, ¿no cree?
Usted toca desde hace unos 20 años y, durante la mayoría de este tiempo, ha permanecido en la sombra, únicamente apreciado por los músicos y por algunos aficionados. Y, de pronto, de la noche a la mañana, le concedieron el título de genio, de profeta. ¿Cómo reaccionó usted?
Desde que mis inicios, me expreso con el mismo lenguaje. Ni mis ideas ni mi forma de tocar han cambiado. Tengo la impresión de haber aportado al nacimiento del jazz moderno más que todos los demás músicos juntos. En estas condiciones, no es muy agradable para un artista oír siempre, "Gillespie y Parker han revolucionado el jazz", cuando yo sabía que la mayoría de las ideas procedían de mí y de nadie más. Dizzy y Bird no me han aportado nada a nivel musical. No me han enseñado nada. No me enseñaron ningún acorde, ningún truco. Al contrario, fueron ellos quienes venían a verme para hacerme preguntas, para aprender algo de mí. Pero fue a ellos a quien se dio importancia. Fueron ellos quienes fueron considerados los impulsores del jazz moderno y la realidad es que, la mayoría de las veces, sólo interpretaban mis ideas. Todo partió de mis concepciones, es decir, intentar salir de las formas tradicionales de aquella época, del beat que se utilizaba entonces.
A mí, nadie me inspiro mis ideas: las busqué dentro de mí. Todas estas cosas las saben la mayoría de los músicos y la prueba es que casi todos han adoptado "52nd Street Theme" como tema para acabar los sets. Es mí música, al igual que "Round ‘bout Midnight" o "Dizzy Atmosphere". Hablemos de este tema. ¡Esta panda de gilipollas lo llamó "Dizzy Atmosphere", pero esa atmósfera era más bien mía! Cuando Dizzy compuso esta tema, yo hacía tiempo que lo conocía. Tengo la impresión de que, a fuerza de tocar conmigo, de copiar mis acordes, de pedirme consejos, de preguntarme cómo lograr la mejor sonoridad, de acostumbrarse a que les corrija su música, han terminado por "componer" temas que salían directamente de mí. A veces, me preguntan por qué no toco obras de otros compositores, temas como "Night in Tunisia" precisamente; simplemente se debe a que este tipo de cosas las llevaba desde siempre dentro de mí y si no las he compuesto yo mismo es porque no me excitaban tanto como a otros músicos.
Así que, ¿por qué quiere usted que toque estos temas ahora? Un día oí en la radio que decían que Dizzy era el único músico de jazz de Nueva York capaz de reflexionar. Es una de las mentiras más gordas que haya oído en mi vida y nunca la olvidaré. A fuerza de contar estas estupideces a los músicos, éstos terminan por creerlas y se les llena la cabeza con todo eso. Se creen que han sido enviados por la Providencia para salvar al jazz. Milt Jackson es como Dizzy, ¿sabe?. Tocamos juntos muchas veces y siempre fue él quien sacó provecho. Mientras tanto, yo no conseguía encontrar trabajo. Oía mis ideas lanzadas a través del mundo y no tenía la posibilidad de expresarlas yo mismo.
A veces, ni siquiera me dejaban entrar en el Birdland. ¿Se da cuenta de lo que significa quedarse delante de un local oyendo desde fuera tocar sus propias composiciones y sin poder entrar? Me ocurrió más de una vez. Así es como suelen ocurrir las cosas en Estados Unidos. Los intérpretes relegan al inspirador a un segundo plano y los que tendrían que alcanzar menos éxito ocupan el primer plano. Es así y nadie puede hacer nada. Otros se habrían puesto muy tristes al ver a sus colegas tener éxito mientras ellos permanecían en la sombra. Pero yo acepté la situación. Me decía: "Ahora no es mi turno, pero tal vez mañana..." Si los demás músicos han logrado el éxito antes que yo, mejor para ellos. Nunca les he envidiado. No estaba abatido porque sabía que lograría, en el momento oportuno, dar a conocer mi música. Y si la mayoría de los músicos me han escuchado, si han intentado copiarme, en definitiva, ha sido bueno para mí porque me ha demostrado que mí música es importante y que, en consecuencia, existía la posibilidad de que algún día fuera escuchada. La gente adoraba mis ideas pero tocadas por otros. Ahora han comprendido que estas ideas procedían de mí y vienen a buscarlas directamente a quien las ha creado.
¿Piensa haber ejercido una gran influencia sobre los pianistas?
Cada día oigo a un montón de pianistas que utilizan procedimientos que son míos desde hace varios anos. Si usted no los conoce bien, yo sí. En todos los pianistas, sin ninguna excepción, encuentro mi forma de tocar, mis acordes, mis recursos. Escuche a un tipo como Eddie Heywood y luego hablamos. Algunos creen, de buena fe, que utilizan recursos personales pero en realidad son míos. Simplemente, no recuerdan de quién los han cogido. Cuando Bud Powell era muy joven, cuando empezaba, nadie quería escucharle. Cuando llegaba a un sitio donde yo tocaba, yo me levantaba y anunciaba: "Bud va a tocar". Pero todo el mundo gritaba "no queremos oírle". Entonces, yo estaba obligado a decir: "en estas condiciones, no toco mas. Será Bud o nadie más". Y el público se veía obligado a escucharlo. Y luego, un buen día, yo me encontraba de nuevo sin trabajo mientras que Bud seguía a lo suyo. Y ahí fue cuando la gente empezó a pensar que fue Bud quien me inspiró. ¡Qué locura! Cuando Bud venía a casa, me pedía que le mostrase todo lo que hacía, que le enseñase los acordes que yo utilizaba y luego reproducía nota a nota lo que yo acababa de tocar delante suyo. Por este motivo, fue el pianista que se aproximó más a mis concepciones. Era capaz de entender mis temas mucho mejor que los demás pianistas, tal vez porque fue mi alumno.
En la actualidad, se tiende a buscar analogías entre sus concepciones pianísticas y las de Duke Ellington. ¿Qué opina de esta comparación?
Nunca escucho a Ellington. Si nuestras formas de tocar presentan puntos comunes sin duda es pura coincidencia. Hace poco, durante un concierto, toqué algunos temas con su orquesta. Fue una experiencia curiosa para mí, pero nada más. Duke, en el fondo, toca muy poco el piano con su orquesta. Le repito que no lo escucho desde hace años y, por lo tanto, no ha podido influirme. Si hay alguna influencia entre nosotros, sólo puede haberse producido en la dirección opuesta.
¿Le interesan otras formas musicales aparte del jazz? La música clásica europea o el folclore, en especial, oriental o africano, parecen tener actualmente una gran influencia sobre los jóvenes músicos modernos...
Me gusta la música, punto. Y entiendo por música todos aquellos sonidos que resultan agradables al oído. Es mi definición, vale lo que vale. A veces escucho discos de estas músicas de las que me habla, pero en ningún momento me dejo influir por ellas. Sólo deseo tocar cosas que provengan de mí. No me considero un músico que ya no pueda progresar, pero sólo creo temas nuevos dentro de los límites que me he fijado. Tomemos un músico como John Coltrane. Es un músico consagrado que ahora es capaz de explotar todas las posibilidades de su instrumento pero parece que tiene ciertas dificultades para adquirir ideas originales. Por eso se ve obligado a buscar a su alrededor. Yo no tengo esa necesidad y, se lo repito, sólo en mi interior encuentro la inspiración. Pero sin que lo busque realmente, es posible que algunos aspectos de mi forma de tocar guarden relación con otras formas musicales.
Tuve la ocasión de conocer a músicos africanos, percusionistas sobre todo, gente como Gwana, con quien he tocado, y todos me dijeron que yo era el único en tener el beat africano. Es muy posible. Yo no lo sé, pero ellos están bien situados para decirlo ya que han escuchado mucho más mi música que yo la suya. De todas maneras, forman excelentes secciones rítmicas y me entiendo muy bien con ellos. La vida que he llevado hasta ahora apenas me ha permitido salir de Estados Unidos, pero vivir en Nueva York no te impide conocer a mucha gente interesante. Hasta diría, sin ánimo de molestar, que uno tiene a su disposición todos los artistas y todas las formas de arte del mundo.
Usted tiene fama de ser poco sociable, de vivir en solitario. ¿Tiene muchos amigos entre los músicos de jazz?
Casi todos los músicos en activo han venido al menos una vez a mi casa. Cuando tienen algún problema, musical o de otro tipo, intento ayudarles a resolverlos. Si necesitan ayuda, saben que siempre pueden recurrir a mí. Siempre trato de arreglar las cosas lo mejor posible. Por eso me han colocado un poco en un pedestal y no quieren que baje de él. Tienen la impresión de que, desde un punto de vista musical, nunca me equivoco. Sin duda por eso son tantos los que acuden a verme. Pero, la mayoría siente una especie de temor cuyo origen ni ellos ni yo conocemos. Claro está, no soy muy sociable y, por lo general, no me gusta mucho hablar, pero tal vez la razón verdadera de este temor provenga de todas esas cosas que se cuentan sobre mí y que no pueden ignorar. Uno de los músicos que viene más a casa probablemente sea Sonny Rollins, al que conozco desde 1945 o 1946, creo.
¿Piensa que la fórmula del cuarteto que utiliza desde hace varios años es la mejor para sus concepciones orquestales?
Si toco actualmente en cuarteto se debe simplemente a que las circunstancias así lo decidieron. Estoy dispuesto a adaptarme a cualquier otra fórmula.
¿Por qué no ha grabado en los últimos tres años?
Simplemente porque tuve discrepancias con la compañía que me había contratado. Algunas compañías sólo quieren ganar dinero. Que traten de sacar beneficios, vale, pero cuando grabas para ellas, que tengan al menos la honradez de pagar el dinero que te deben.
Hace algunos años, cuando grabó Brilliant Corners, declaró: "Aún no me he sentido satisfecho de ninguno de mis discos". ¿Es cierto todavía?
¡Por supuesto! No sólo no he grabado aún un disco que me satisfaga plenamente sino que todavía no he tocado exactamente como desearía hacerlo. Por otro lado, es algo normal. Desde el momento en que uno está satisfecho consigo mismo, pierde toda posibilidad de progresar. Un hombre satisfecho ya no ve la necesidad de esforzarse. Ya sólo tiene ganas de descansar. Es el principio del fin.
Parece que ya no toca algunas de sus composiciones que, sin embargo son muy bellas, como por ejemplo "Think of One", "Bye-Ya", "I Mean You", "Ask Me Now", "Skippy". ¿Por qué?
A veces tocamos estos temas cuando la gente que los conocen y les gustan nos lo piden. Pero no puedo tocar todo mi repertorio en cada concierto o en cada grabación. Además, me he cansado de algunos temas después de tocarlos durante 20 años. Prefiero dejar que lo hagan otros. Cada vez me apetece menos tocar tempos rápidos. Cuando empezaba, con Kenny Clarke, por ejemplo, nos gustaba tocar muy rápido hasta cansarnos. En realidad, pienso que es más fácil tocar rápido que construir algo interesante sobre un tempo lento. Por lo menos, esa es mi opinión.
¿Es consciente de que los músicos que tocan con usted parecen dar lo mejor de sí mismos?
Debe ser un problema de ondas cortas [risas]. En realidad, intento ayudar a la gente que está a mi alrededor, empujarlos para que lleguen al fondo de sí mismos. Intento que se expresen como yo, porque, cuando uno es un músico de verdad, tiene que ser capaz de captar las ideas al vuelo antes de que éstas se posen sobre ti. En mi opinión, cuando Coltrane ha tocado mejor ha sido conmigo. Charlie Rouse, cuando era miembro del grupo de Tadd Dameron, tocaba demasiado parecido a Parker. Ahora, aunque esté cerca de mis concepciones musicales, es mucho mas personal y es mejor así. Usted me informó ayer que hace algunas semanas Rollins le dijo que la música tenía que ser el reflejo de la personalidad de uno mismo y de su comportamiento en la vida diaria. Esto es muy bonito en teoría, pero ¿cuántos músicos son capaces de hacerlo? La mayoría no toca su música sino la de otros, y se contentan simplemente con transformarla.
En relación con las sesiones para Prestige donde se grabaron los ahora históricos "Bags’ Groove" y "The Man I Love", mucho se ha escrito sobre las diferencias que al parecer hubo entre usted y Miles Davis y, en especial, sobre el hecho de que éste le pidiera que no le acompañase en sus improvisaciones. ¿Qué hay de cierto?
Estas historias de discusiones son un invento. Lo que es cierto, es que todos hemos guardado un mal recuerdo de esta grabación. Las condiciones eran deplorables. Todos estábamos cansados. El productor estaba de mal humor. Era el día de Nochebuena y todos teníamos prisa de volver a casa. Todo lo que nos dijimos ese día no debería haber salido nunca del estudio. No acompañar a un solista, se llame Miles Davis o John Coltrane, es un procedimiento que me es familiar. Forzando al solista a apoyarse sólo en el bajo o la batería, se obtiene una sonoridad, una construcción de los solos, muy diferentes. Este procedimiento no es nuevo. Roy Eldridge lo utiliza desde hace mucho tiempo.
Cuando me piden que no toque mientras un solista improvisa, lo hago y punto. No hay que buscar razones extraordinarias. Miles y yo no nos peleamos. La prueba es que después de la grabación, vino a mi casa y pasamos todo el día juntos y hasta me costó desembarazarme de él aquella noche. Miles no puede darme consejos: él sabe muy bien que le enseñé demasiado para que pueda permitirse hacerlo. Cuando, siendo jovencito, vino a Nueva York, se matriculó en la Julliard. Durante esa época a menudo subía al escenario con nosotros, no sólo para tocar, sino sobre todo para aprender. En realidad, sus verdaderas clases las recibió en los escenarios de los clubes donde tocábamos y no en la Julliard.
¿Qué opina de la nueva evolución, del giro que está tomando actualmente el jazz bajo la influencia de jóvenes músicos cuyo jefe de fila parece ser Ornette Coleman?
Actualmente, están introduciendo en el jazz algo que desapruebo. Hablan de libertad pero, bajo el pretexto de liberarse, uno no tiene derecho a volverse ilógico, incoherente, a caer en la anarquía hasta el punto de no construir nada, de tocar simplemente un montón de notas, unas detrás de otras. Y no hay beat. No se puede marcar el tempo con el pie. Creo que es una plaga que está afectando al jazz, con hombres como Ornette Coleman, por ejemplo. Hay una nueva concepción que consiste en buscar lo inesperado, en sorprender, en destruir, y el jazz tiene, ante todo, que contar una historia que resulte aceptable para todos. Todos quieren ocupar el primer lugar, convertirse en el músico de quien se habla más y para lograrlo están dispuestos a hacer cualquier cosa. Todo músico debería fiarse únicamente de sí mismo, dominar las ideas que lleva dentro y no preocuparse de lo que piensan los demás, de lo quiere el público; si se deja influir, demuestra que no es un buen músico y que lo sabe. Incluso Rollins parece haberse visto afectado. Por eso no he querido escucharle últimamente. Sonny es un músico tan maravilloso que no puedo soportar la idea de que probablemente se oriente en esa dirección.
Algunos músicos, entre ellos Rollins, Mingus y Roach, parecen querer convertir el jazz en una especie de plataforma para sus reivindicaciones sociales y políticas. ¿Le preocupan a usted los problemas raciales?
No, es algo que no me preocupa. Sé que algunos artistas sienten de manera especial estos problemas que, es indudable, siguen existiendo en Estados-Unidos aunque, desde la llegada de Kennedy, se han realizado muchas mejoras, en especial en el campo de la educación. Pero yo no me preocupo por el color de mi piel. Nunca pienso que soy un negro. O, más bien, no quiero pensar en ello. No quiero imaginar cómo hubiera sido mi vida si hubiera tenido otro color de piel. Hasta la guerra de secesión, sólo fuimos esclavos y de pronto nos dijeron: "Todos los ciudadanos que viven en Estados Unidos son americanos y tienen los mismos derechos". Pero esto no es más que un sueño. Al principio, no teníamos idioma, tuvimos que aprender la lengua del país. No teníamos religión, nos convirtieron al cristianismo. En realidad, no teníamos casi nada. Nuestra única riqueza era nuestros cantos y nuestra música. Ahora, el tiempo ha pasado. Me siento americano y nunca miro atrás para saber cuáles eran las condiciones de vida de mis antepasados. Esto no impide que sea consciente de todo el progreso que queda aún por realizar.
Por tomar sólo un ejemplo: en ciertos lugares públicos, usted lo sabe, hay carteles que te prohíben la entrada simplemente porque tu color de piel es negro. Usted puede ser el hombre más rico del país, nunca llegará a entrar en estos lugares. En otros, donde sí nos admiten, nos llegan a insultar, a tratarnos de "sucios negros" por individuos que ni siquiera nos reconocen el derecho a vivir. Esto, evidentemente es algo que no puedo olvidar, pero no quiero expresarlo a través de mi música porque el jazz, si tiene la pretensión de ser universal, debe ser únicamente música. Si algunos prefieren a un pianista como Dave Brubeck antes que a mí, por ejemplo, y que, en ocasiones, los organizadores de conciertos me contratan cuando hubiesen preferido que participase Brubeck, ¿qué importancia tiene? Si Brubeck gana más dinero, si es más apreciado que yo, mejor para él. El algo que no me planteo. Lo que me aporta mi música es más importante que lo que pudiera permitirme adquirir a nivel financiero o de fama. Pero, dejemos ya estas cuestiones raciales. Soy muy prudente sobre es tema y no quiero hablar de ello. Sé que mi música puede ayudar a los hombres a acercarse los unos a los otros y esto es lo esencial. Creo sinceramente que el jazz es lo que más ha hecho para que la palabra amistad alcance un día, en Estados Unidos, su verdadero significado.

sábado, 24 de diciembre de 2011

El vibrafonista Dave Samuels

Reconocido como uno de principales vibrafonistas de la actualidad, Samuels es dueño de una personalidad musical distintiva, que se caracteriza por su frescura y por un acercamiento creativo al vibráfono y a la marimba. Durante su trayectoria profesional, ha ganado un amplio reconocimiento internacional a través de sus presentaciones y grabaciones con artistas tan diversos, como: Gerry Mulligan, Oscar Peterson, Chet Baker, Stan Getz, Carla Bley, Yellowjackets, Pat Matheny, Bruce Hornsby, Frank Zappa, Fantasy Board, Spyro Gyra y Caribbean Jazz Project.
Comenzó sus estudios musicales a la edad de seis años, tocando batería y piano. En 1974, ganó exposición internacional como miembro del sexteto de Gerry Mulligan. En 1977, comienza su prolongada colaboración con Spyro Gyra, que dura hasta 1994 e incluye 20 grabaciones. Durante ese tiempo, el grupo fue nominado para los Premios Grammy y fue reconocido por la revista Billboard como el principal artista y grupo de jazz contemporáneo de los años 80. A través de su extensa carrera, Samuels ha sido reconocido tanto por sus fanáticos como por la crítica, por la calidad de su sonido, ha recibido cinco nominaciones a los Premios Grammy, y ha sido reconocido como el mejor vibrafonista por las revistas Jazzis y Modern Drummer.
Su debut como solista, Living Color (MCA), se mantuvo por 10 semanas en la primera posición de la radio: le sigue Ten Degrees North (MCA) con Alex Acuña en la percusión, John Patitucci en el bajo, Steve Khan en la guitarra y Eddie Daniels, clarinete; Natural Selection (GPR), su tercera grabación, se realiza con los Yellow Jackets y Bruce Hornsby y Del sol (GRP) cuenta con la participación de Dave Valentín, Andy Narell, Danilo Pérez y Jorge Strunz. Otros proyectos son: Remembrance, que incluye un concierto para marimba, orquesta de cámara y solista del compositor Jeff Beal, Duotones y Tjaderized – un tributo Carl Tjader (VERVE).
En 1993, forma Caribbean Jazz Project, considerado uno de los principales y más innovadores conjuntos de latin jazz, con el cual ha grabado y se ha presentado en los más importantes escenarios. Entre sus grabaciones con este conjunto, se destacan: The Caribbean Jazz Project, Island Stories, New Horizons, Paraíso; Her and Now – Live in Concert y Birds of a Feather, ambos nominados como mejor grabación de latin jazz y The Gathering, ganador de Grammy 2003. Su más reciente grabación, Afro Bop Alliance fue ganadora del Latin Grammy 2008, y fue nominada para los premios Grammy de ese año.