sábado, 24 de diciembre de 2011

El vibrafonista Dave Samuels

Reconocido como uno de principales vibrafonistas de la actualidad, Samuels es dueño de una personalidad musical distintiva, que se caracteriza por su frescura y por un acercamiento creativo al vibráfono y a la marimba. Durante su trayectoria profesional, ha ganado un amplio reconocimiento internacional a través de sus presentaciones y grabaciones con artistas tan diversos, como: Gerry Mulligan, Oscar Peterson, Chet Baker, Stan Getz, Carla Bley, Yellowjackets, Pat Matheny, Bruce Hornsby, Frank Zappa, Fantasy Board, Spyro Gyra y Caribbean Jazz Project.
Comenzó sus estudios musicales a la edad de seis años, tocando batería y piano. En 1974, ganó exposición internacional como miembro del sexteto de Gerry Mulligan. En 1977, comienza su prolongada colaboración con Spyro Gyra, que dura hasta 1994 e incluye 20 grabaciones. Durante ese tiempo, el grupo fue nominado para los Premios Grammy y fue reconocido por la revista Billboard como el principal artista y grupo de jazz contemporáneo de los años 80. A través de su extensa carrera, Samuels ha sido reconocido tanto por sus fanáticos como por la crítica, por la calidad de su sonido, ha recibido cinco nominaciones a los Premios Grammy, y ha sido reconocido como el mejor vibrafonista por las revistas Jazzis y Modern Drummer.
Su debut como solista, Living Color (MCA), se mantuvo por 10 semanas en la primera posición de la radio: le sigue Ten Degrees North (MCA) con Alex Acuña en la percusión, John Patitucci en el bajo, Steve Khan en la guitarra y Eddie Daniels, clarinete; Natural Selection (GPR), su tercera grabación, se realiza con los Yellow Jackets y Bruce Hornsby y Del sol (GRP) cuenta con la participación de Dave Valentín, Andy Narell, Danilo Pérez y Jorge Strunz. Otros proyectos son: Remembrance, que incluye un concierto para marimba, orquesta de cámara y solista del compositor Jeff Beal, Duotones y Tjaderized – un tributo Carl Tjader (VERVE).
En 1993, forma Caribbean Jazz Project, considerado uno de los principales y más innovadores conjuntos de latin jazz, con el cual ha grabado y se ha presentado en los más importantes escenarios. Entre sus grabaciones con este conjunto, se destacan: The Caribbean Jazz Project, Island Stories, New Horizons, Paraíso; Her and Now – Live in Concert y Birds of a Feather, ambos nominados como mejor grabación de latin jazz y The Gathering, ganador de Grammy 2003. Su más reciente grabación, Afro Bop Alliance fue ganadora del Latin Grammy 2008, y fue nominada para los premios Grammy de ese año.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Panamá Jazz Festival 2012

Del 16 hasta 21 enero 2012 se llevara acabo en la Ciudad de Panamá, la novena edición del Festival de Jazz de Panamá. Con la talla de grandes músico como las de Tito Puente Jr., Charlie Sepúlveda, John Scofield, Luis Bonilla y artistas de jazz más talentosos, el Festival de Jazz de Panamá se llenarán con la abundancia de talento. Más de 25.000 personas asisten a este festival de música anual, a escuchar el dulce sonido de los mejores del género.
Panamá es quizás uno de los lugares más idóneos para acoger la celebración de la música jazz. El fundador Danilo Pérez dice: "Durante una semana en enero, Panamá es la capital del jazz en América Latina y el festival continúa creciendo y se está convirtiendo ahora un evento que es una referencia cultural en América Latina, con algunos de los mayores partidarios del jazz música en el planeta. "
El ganador del Grammy, el pianista Danilo Pérez, su intención era mejorar la vida de las personas mediante el intercambio de experiencias musicales como oyentes, en el escenario y en las aulas. El Festivales de Jazz de Panamá pone un mayor énfasis en la educación. Las clases son proporcionadas por algunas de las mejores escuelas de música del mundo, incluyendo el Conservatorio de París, Berklee College of Music y el Conservatorio de Música de Puerto Rico. Potenciales estudiantes de música también pueden escuchar a estas escuelas en la celebración del jazz de 2012 en Ciudad de Panamá.
Lo que atrae a tantas personas año tras año a este festival de música de América Latina no es sólo la belleza del arte del jazz, sino también el énfasis en la educación. El festival ha dado más de un millón de dólares en becas a estudiantes y lleva el arte y la música a las comunidades pobres en Panamá.
Mientras que el Festival de Jazz de Panamá es una celebración del jazz, ha ido más allá de la música. El festival de música ha tenido gran influencia en la fortificación de la cultura de Panamá, así como reforzar su economía a través del turismo.
Mantener el evento de relevancia cultural en honor a Panamá, el festival ofrece clases de música folklórica panameña y clases de danza con el Ballet Nacional de Panamá.
Los conciertos son en los lugares más prestigiosos de Ciudad de Panamá, como Teatro Nacional de Panamá, el Teatro Anayansi, y hasta el Parque Catedral. Con la oportunidad de visitar estos sitios históricos, así como disfrutar de un concierto, la cultura panameña también se ve reforzada. Muchos turistas vienen a presenciar el festival en el teatro y los lugares que se consideran arte en sí mismas.
Cada año, el festival está dedicado a alguien diferente y este año, el saxofonista de jazz Carlos Gartnett es el homenajeado de 2012. Como uno de los músicos de jazz más reconocidos de Panamá-América, el premio es bien merecido. Carlos Gartnett ha trabajado con leyendas del jazz como Miles Davis, Art Blakey y mucho más.
Además de jazz, otros atractivos que una visita a la ciudad de Panamá tiene para ofrecer. Con un rango de impecable de las especies silvestres, actividades emocionantes y una cultura muy interesante, muchos aspectos del país se puede disfrutar.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Cab Calloway y su instrumento vocal


Cab Calloway fue un nombre familiar desde 1932, y su fama nunca llegó a extinguirse. Fue un cantante de jazz de gran talento y está considerado un maestro en ‘scat’ (imProvisación vocal que consiste en utilizar vocablos y sílabas sin formar Palabras). Muchas veces, sus actuaciones en el Cotton Club ensombrecían la gran calidad de sus bandas. Dirigió una de las ‘big bands’ más PoPulares en Estados Unidos desde PrinciPios de los 30’s hasta finales de los 40’s. Por ella Pasaron los tromPetistas Dizzy GillesPie y AdolPhus "Doc" Cheatham, los saxofonistas Ben Webster y Leon "Chu" Berry, el guitarrista Danny Barker y el bajsta Milt Hinton.
Creció en Baltimore, asistió a la escuela poco tiemo y después quiso convertirse en cantante y bailarín. Lideró algunas bandas como los Alabamians o los Missourians, emezó a grabar discos en 1930 y en 1931 tuvo un gran éxito con "Minnie the Moocher" y con sus frecuentes presentaciones en el Cotton Club. Pronto fue el artista negro más conocido de la época, junto a Louis Armstrong, Duke Ellington o Ethel Waters. Hizo algunas películas como ‘Stormy Weather’ en 1943, y continuó con sus grabaciones. DesPués de “Minnie the Moocher” llegaron "Kicking the Gong Around", "Reefer Man", "Minnie the Moocher's Wedding Day", "You Gotta Hi-De-Ho", "The Hi-De-Ho Miracle Man" o "Mister Paganini, Swing for Minnie."
En 1942, su disco “Blues in the night” arrasó y en 1948, cuando terminó la época de las ‘big bands’, a Calloway no le quedó más remedio que disolver su orquesta, aunque siguió actuando con sus Cab Jivers. De hecho, el músico permaneció en activo hasta su fallecimiento, en 1994, a los 86 años.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Neil Leonard en La Habana en el Festival Jazz Plaza-2011

El saxofonista estadounidense Neil Leonard, profesor del Berklee College of Music de Boston, participará en diciembre en La Habana en el Festival Jazz Plaza-2011, que preside el laurado pianista y compositor cubano Jesús ‘Chucho’ Valdés, informó este viernes un medio local.
Leonard, “impulsor de los intercambios culturales” entre Cuba y Estados Unidos, viajará a la isla acompañado por “músicos del Berklee College” y presentará en el Festival (del 15 al 18 de diciembre) su más reciente disco “Marcel’s Window”, de jazz contemporáneo, señaló la agencia cubana Prensa Latina (PL).
“Hemos fomentado el contacto continuo (entre artistas cubanos y estadounidenses) con programas de residencias cortas”, dijo Leonard que, según PL, estuvo en la isla en mayo pasado al frente de un grupo de músicos de su país que participó en la feria internacional Cubadisco-2010.
El Berklee College of Music, considerado la mejor escuela de jazz del mundo, entregó este año el título de doctor honoris causa a Valdés, quien fundó en 1973 el grupo Irakere -buque insignia del jazz cubano- y a su padre, el también pianista y compositor Bebo Valdés, por sus aportes a ese género musical.
En la edición anterior del festival, presidido por Valdés desde su fundación en 1980, participaron los músicos norteamericanos Andrea Brachfeld (flautista) y Arturo O’ Farrill (pianista), hijo del mítico Chico O’ Farrill, pieza clave en la creación del jazz afrocubano a mediados del siglo XX.
Los intercambios culturales entre Cuba y Estados Unidos -sin relaciones desde 1961- mejoraron con el gobierno de Barack Obama, que eliminó en 2009 restricciones a las remesas y viajes de cubanoamericanos a la isla, y comenzó a aplicar en abril una mayor flexibilización de las visitas de religiosos, académicos, artistas y deportistas estadounidenses.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Bunny Berigan (1908-1942).

Trompetista de jazz nacido en la ciudad norteamericana de Wisconsin el 2 de noviembre de 1908 y fallecido el 2 de junio de 1942 en Nueva York.
Comenzó su carrera a finales de los años 20, cuando fue contratado por la orquesta de baile de Hal Kemp para realizar una gira europea. En 1931 se unió a la prestigiosa orquesta de Paul Whiteman como sustituto del gran Bix Beiderbecke, y cuatro años más tarde se incorporó a la banda del muy exigente Benny Goodman, lo que ya de por sí es muestra de calidad. Su carácter inquieto le hacía poco apto para tocar en bandas dirigidas por otros músicos, y en 1937 comenzó a liderar sus propias formaciones. Éstas tuvieron un éxito altamente irregular. Ese mismo año realizó la que según los expertos es la mejor grabación de Berigan, I can't get started. Una de las mejores formaciones que dirigió, los Rhythm makers, contaba con Artie Shaw al clarinete y George Auld al saxo tenor.
Fue uno de los artistas que más volumen utilizaba para tocar sus solos. Dotado de una gran agilidad de pensamiento, éstos eran, pese a todo, bastante sutiles melódicamente. Gustaba de acompañar a los otros músicos con rápidos fraseos que semejan el inicio de solos muy ingeniosos. Su técnica es en gran parte deudora del trabajo de Louis Armstrong, algo parecido a una puesta al día de su vitalidad optimista.
La carrera de Bunny Berigan recuerda sobremanera a la de aquel a quien sustituyó, Bix Beiderbecke, aunque a diferencia de éste nunca inspiró ningún guión de Hollywood que lo convirtiera en leyenda. Ambos eran blancos y trompetistas, ambos se asociaron con Paul Whiteman, y a ambos la afición al alcohol les impidió profundizar en sus carreras musicales. Las diferencias entre ellos deben buscarse en la ejecución del instrumento, pues si a Beiderbecke se le asocia por lo común con el lado cool del jazz -es decir, más melodioso, reposado y profundo-, Berigan campa por el lado hot: fraseos acrobáticos y expresividad extática. Fueron durante su vida la gran esperanza de la trompeta en jazz -papel que luego tomaron Fats Navarro y Clifford Brown, los dos también fallecidos a muy temprana edad. Berigan vivió más tiempo que Beiderbecke, pero no le sobrevivió demasiado. Su entierro fue costeado por Tommy Dorsey.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Charles Lloyd Quartet

Uno de los cuartetos más exquisitos en la historia del Jazz, con Charles LLoyd (sax y maracas), Michel Petrucciani (piano), Cecil Macbee (bajo), y Jack de Johnette (batería).
Nacido en Memphis en 1938, Charles Lloyd descubrió el saxofón a una edad temprana. Pronto se convirtió en una figura de la joven escena de clubes de la West Coast y tocó junto a sus colegas Ornette Coleman, Eric Dolphy, Scott LaFaro, y Charlie Haden. En 1966, formó el Charles Lloyd Quartet original que sirvió de presentación de talentos como el pianista Keith Jarrett y el batería Jack DeJohnette. Ha actuado en todos los festivales de jazz del mundo como: Montreux, North Sea, Montreal, Toronto, Paris, Viena, Londres, San Sebastián, etc.
Saxofonista, flautista y compositor, Charles Lloyd alcanzó la cumbre en los años sesenta, rompiendo con su cuarteto las barreras entre los seguidores del jazz moderno y el floreciente rock hippy. Sus 40 años de carrera y una discografía que incluye 35 álbumes bajo su autoría y otras tantas colaboraciones (Chico Hamilton o The Beach Boys incluidos) le han permitido adquirir un prestigio enorme y ser una de las referencias imprescindibles cuando se habla del jazz moderno.
Charles Lloyd fue el primer músico de jazz que hizo una gira por la Unión Soviética y el primero también en vender un millón de copias del género con Florest Flower, grabado en directo durante el Festival de Monterrey de 1966, con un joven Keith Jarrett al piano. Después llegó una retirada parcial y no regresó a los escenariohttp://www.blogger.com/img/blank.gifs hasta finales de los 80. Su firma con el sello ECM amplía desde entonces su obra, con trabajos calificados de exquisita espiritualidad, delicadeza y un sonido, lo menos, inimitable. En 2002 grabó dos discos enormes: "Which Way Is East" y antes "Lift Every Voice". Reverenciado por igual por músicos de tan distinta filiación como Keith Jarrett, Joe Lovano y David S. Ware, Charles Lloyd posee un sonido reconocible a la primera escucha: quebradizo y encantatorio, delgado y flotante como una brisa.
Fuente: Apolo y Baco.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Entrevista con Uri Caine

A lo largo de su carrera, Uri Caine ha logrado forjarse una reputación en diversos ámbitos musicales, algunos aparentemente muy alejados entre sí, partiendo de su faceta como pianista de jazz (así comenzó en su Filadelfia natal) para llegar a innovadoras formas de composición que abarcan el lenguaje clásico, la música folclórica y los sonidos de la calle, la música electrónica y los efectos sonoros digitales. En la más reciente de sus grabaciones para el sello alemán Winter & Winter, que lleva colaborando con este artista experimental a lo largo de una veintena de álbumes, titulada Twelve Caprices, Caine se adentra en un nuevo campo que le venía interesando desde hace algún tiempo: la combinación de improvisación y nuevas músicas. Conocido por sus adaptaciones poco convencionales de obras clásicas, Caine acude a renombrados talentos de la interpretación de obras contemporáneas, como son Irvine Arditti y su Arditti Quartet, para adentrarse en una exploración radical de las posibilidades que pueden ofrecer cuatro instrumentistas de cuerda, un pianista de jazz y unas condiciones de grabación que evitan la comodidad de las revisiones en la edición digital. Con el apoyo de las obras de la pintora abstracta japonesa Mamiko Takayanagi, este nuevo álbum propone un reto a la audiencia, así como a los propios intérpretes. En esta entrevista, Uri Caine reflexiona acerca de este nuevo capítulo en su creación musical y en la del Arditti Quartet.
DIVERDI: ¿Cuál es el mensaje que subyace en tu modo de tomar una idea musical ya existente e improvisar sobre ella?
URI CAINE: Para mí es un concepto jazzístico el de tomar una obra ya existente –que puede ser un standard de George Gershwin, parte de una sinfonía de Mahler, una canción popular búlgara o un ritmo de música electrónica– y usarla como estructura para buscar dentro de ella lugares que puedan servir de trampolín para la improvisación. En el mundo clásico, a los músicos se les enseña a contemplar la partitura como algo inviolable. De hecho, a muchos les ofende la noción de improvisación, probablemente igual que le ocurrió a Irving Berlin cuando Billie Holliday cantó una de sus canciones y él dijo “Suena bien, ¡pero no es mi canción!”. Siempre existe una tensión en potencia, pues la improvisación que ella realizó de esa canción se acabó convirtiendo en la versión clásica de este tema. Yo contemplo todo esto desde la perspectiva de que, dentro de la tradición del jazz, ya hay un sendero muy transitado de coger una forma armónica ya existente y utilizarla como base para la improvisación, de igual modo que los compositores clásicos cuando escriben un tema y sus variaciones. En el campo clásico las variaciones siempre se basan en la armonía del tema o aria inicial, y los músicos de jazz nos sentimos muy cómodos dentro de esta técnica.

D.: ¿Encuentras muchos intérpretes en el campo clásico que busquen música que les ofrezca la oportunidad de improvisar?
U.C.: Depende. Creo que, en lo que llamamos la música clásica actual, hay muchas corrientes en las que sí hay grupos más abiertos a la improvisación: jóvenes conjuntos de cámara que he escuchado en New York y en Europa están tratando de romper esas barreras. Pero también he trabajado mucho con conjuntos clásicos –algunos de los que podemos considerar como ‘conservadores’– que no estarían tan contentos con la idea de que alguien tome las Variaciones Diabelli de Beethoven y las pisotee con sus improvisaciones (esto excluye a Concerto Köln, con quienes Caine grabó las Variaciones Diabelli en Winter & Winter). Tenemos que aprender a tratar con este tipo de crítica y oposición, pues puede resultar positivo, porque te obliga a defender tu postura y a intentar explicar lo que estás haciendo, y a mí esto es lo que me hace disfrutar. Mucha de esta música es experimental, y resulta maravilloso trabajar en ella.

D.: El proyecto Twelve Caprices parece reflejar una variación en sí misma, al menos respecto a tus grabaciones sobre material del campo clásico. ¿Es así?
U.C.: Quizá una de las constantes en mucha de la música que he interpretado es el contraste entre los usos de la estructura fija que, por un lado, cimenta la música y por el otro funciona como base de la improvisación. Me gusta esa tensión entre la estructura y la libertad de las improvisaciones. En Twelve Caprices, en este aspecto, la música escrita para el cuarteto de cuerda (pues no son realmente improvisadores) constituye la estructura, mientras que mi contribución es básicamente improvisada; esto supone el reto de dilucidar qué va a estar tocando el cuarteto mientras yo dispongo de cierta libertad para reaccionar e interactuar con ellos.

D.: ¿Cómo surgió la idea de trabajar con Irvine Arditti en el proyecto Twelve Caprices?
U.C.: Me reuní con Irvine en Londres y conversamos acerca de un posible proyecto. Incluso antes de llegar al acuerdo de trabajar juntos, yo ya comencé a trabajar en varias ideas y me puse a escribir piezas, teniendo en mente la idea de que yo improvisaría ante lo que el Arditti Quartet estuviese tocando. Para ser sincero, debo decir que no estaba seguro de cómo saldría aquello (no creo que ninguno de nosotros lo estuviese), pero, cuando por fin comenzamos a tocar juntos, resultó muy divertido y nos gustó. Me resultó muy inspirador tocar con los Arditti. Han sido mis héroes durante mucho tiempo. Tengo muchos de sus discos, y aquellos álbumes me hicieron conocer mucha música contemporánea. Por eso, la oportunidad de trabajar junto a ellos me resultó ciertamente inspiradora, y poder colaborar musicalmente con ellos ha sido para mí lo mejor del proyecto. Confío en que podamos seguir haciéndolo en el futuro.

D.: Irvine Arditti tiene fama de mantenerse totalmente sereno ante cualquier cosa que le pongas delante. ¿Ha sucedido eso cuando habéis trabajado juntos?
U.C.: Resulta muy cómodo trabajar con él y su cuarteto. Una de las sorpresas fue que, aunque en un principio íbamos a grabar primeramente la parte que tocan ellos y, después de ensamblarlo y editarlo, yo añadiría mis improvisaciones, desde el inicio de las sesiones de grabación Irvine me pidió que tocase con ellos, de modo que todo fuese en directo. Esto traería los beneficios de la interacción y la espontaneidad, pero también la desventaja, desde un punto de vista de grabación, de que ellos tocasen bien pero quizás yo quisiera hacerlo de nuevo y esto supusiese algún tipo de problema. He de agradecer esta sugerencia de Irvine, pues hizo que para mí se pareciese mucho a una grabación de jazz. Así sucedió aquel día, y mis improvisaciones salieron como es debido. Una vez que arrancamos, resultó ciertamente fácil trabajar. Hubo muy buena compenetración entre nosotros, y no me inmiscuí en la manera en que trabajaron su parte, salvo que me preguntasen si algo debía ser más rápido o más lento, y cosas así. Realmente no hablamos mucho al respecto; comenzamos a tocar y grabamos prácticamente todo en un día y medio. Resultó muy espontáneo y disfruté mucho.

D.: ¿Sabías lo que te esperaba ya antes de haber trabajado con ellos?
U.C.: En un principio no. Comencé enviándoles la música, y preguntando cuestiones técnicas tales como “¿Esto está bien así?” o “¿Podéis tocar estos acordes?”, pero las cosas transcurrieron sin complicaciones –especialmente después de haber resuelto cómo íbamos a grabar la obra, juntos o por separado, pues veía que era algo muy importante para Irvine. Él ansiaba la sensación de que tocásemos todos juntos, e incluso esa crudeza. Me dijo, “Necesitamos tu impulso, necesitamos la energía rítmica con la que estarás tocando para comprender esas notas, lo que estamos interpretando.” Y me encantó, porque uno de los mayores disfrutes de interpretar música es esa sensación de tocar junto a otros, lanzando ideas. Lo noté en el modo en que interpretaban y en su entusiasmo, y resulta muy inspirador crear música de ese modo. No fue el tipo de experiencia que he tenido con otra gente de la música clásica, que te piden componer una pieza para una orquesta y cuando llegas a los ensayos te das cuenta de que a muchos de los intérpretes ni les gusta la música ni están inspirados. En este caso hubo ciertamente una gran compenetración.

D.: ¿Los elementos musicales de Twelve Caprices quieren ser ideas completas en sí mismas o puntos de partida?
U.C.: Quizá ambos. Creo que son ideas completas en sí mismas, concretamente en la música compuesta para el cuarteto de cuerda. Las doce piezas distintas tienen diferentes estrategias, y puede que diferentes sentimientos musicales. Por otro lado, en mi parte solista surge la cuestión del final abierto de los Twelve Caprices, pues puedo escoger cómo tocar y reaccionar de modo diferente cada vez que los interpreto. Muchas de mis composiciones se basan en mi interés por la música contemporánea, e incluso diría que por muchas de las composiciones que han hecho famoso al Arditti Quartet. En cuanto a lo que estas piezas representan en mi mente como imágenes, no resulta fácil de expresar, aunque podría decir que la idea de un Capricho es música que frena y acelera, una y otra vez. Escribí ese concepto en la parte del cuarteto de cuerda, y yo reacciono a eso en el piano continuando con el mismo procedimiento. Algunas piezas pueden recordar a otros compositores, especialmente las más tonales, pues intento contrastar entre música muy tonal y poco tonal, entre música muy rítmica y música con una sensación rítmica de final abierto, entre música más jazzistica y música que no tiene nada que ver con eso. No es algo que yo me proponga conscientemente lograr antes de estar haciéndolo, sino que mientras estás trabajando en alguna música, surgen ideas que tienen que tomar cuerpo, lo cual es el auténtico trabajo de composición. Por eso muchos de los Caprichos tienen como forma muy definida la idea del “toma y daca” entre los diversos músicos, estableciéndose un diálogo.

D.: ¿Tenías en mente la música de Niccolò Paganini cuando compusiste estas obras?
U.C.: Así es, tanto en lo referente al gran virtuosismo que requieren, como en que me encantaría ser capaz de escribir otros doce Caprichos.

D.: ¿Encuentras gran diferencia entre Europa y Estados Unidos en cuanto a la recepción de los proyectos que desarrollas?
U.C.: Sí. Aunque no me gusta generalizar demasiado, he de decir que las audiencias europeas pueden ser más abiertas de mente respecto al modo de aceptar nuestra música. Dicho esto así, luego resulta que en el mundillo europeo del jazz encuentras los mismos cismas, controversias y disputas acerca de quién toca jazz y de qué es el jazz en realidad. Personalmente tiendo a tomar el punto de vista más abierto, el de que hay muchos tipos de jazz, pues tengo experiencia tocando muchos de ellos. A veces el mundo del jazz puede ser tremendamente conservador; por ejemplo, estoy seguro de que muchos músicos de jazz no considerarán los Twelve Caprices como jazz. Algunos sí lo harán, pero otros, los del jazz “con swing y la mirada fija al frente” no percibirán así esta música. He tenido ya la experiencia de interpretar Mahler en un festival de jazz y encontrar allí tanto gente entusiasmada como otros que piensan “¿Esto qué es? Esto no pertenece al jazz.” Comprendo que la gente tiene ideas preconcebidas y viscerales acerca de la música. Yo creo en la Primera Enmienda: La gente tiene derecho a expresar lo que quiera, tanto si le gusta como si no.

D.: ¿Qué acogida tiene en Estados Unidos tu música experimental?
U.C.: Sé que la gente a veces se entusiasma mucho con ciertas cosas y no con otras. Intento dar lo mejor de mí mismo, pues no quiero componer y tocar música que a nadie le va a gustar, pero también pretendo perseverar y conseguir que, aunque quizá al público no le guste, nosotros, como músicos, podamos estar orgullosos de lo que hemos hecho. Por el hecho de vivir en Estados Unidos, nación que tiene una cultura musical muy comercial, percibo que toda la música clásica y el jazz se consideran música minoritaria, con lo que partimos de este pequeño ghetto. No me molesta, porque escucho lo que me gusta y me gusta lo que escucho, y pienso que vivir en una ciudad como New York te da la oportunidad de escuchar muchísimos tipos diferentes de música. Además existen muchísimos tipos distintos de público que apoyan la música considerada minoritaria dentro de este gran esquema. Por eso no me importa realmente si la gente considera esa música como comercial o aceptable. Ya asumo que no lo va a ser, pero eso también le sucede a grandes compositores como Beethoven. En la mayoría de los países esto no se considera música de masas. Desde nuestro punto de vista estadounidense, donde tenemos poco o ningún apoyo por parte del gobierno o de las instituciones, vemos que en Europa aún hay mucho respaldo para organizar festivales y mucha música contemporánea, lo cual supone una enorme diferencia. Desearía que esto ocurriese más en mi país.

D.: ¿Encuentras fructífera tu colaboración con Stefan Winter en cuanto a grabaciones?
U.C.: Obviamente, pues Stefan ha sido el gran apoyo de muchos de los variados proyectos musicales en los que he estado involucrado, y me siento muy afortunado por estar asociado con él. Concretamente en los Estados Unidos, desde los años 90 no hay muchas discográficas que estén abiertas para un músico que un año puede querer hacer un disco de Mahler, el próximo un álbum de música electrónica, y el siguiente un trío de jazz. Me atrevo a decir que éste, Twelve Caprices, es el primer disco que muestra esa nueva faceta concreta de mi música, en la que la estructura está establecida pero también queda sitio para la improvisación. Utilizando este enfoque he compuesto un montón de música de distintos tipos, utilizando conjuntos de cámara u orquestas, pero desgraciadamente esas obras no fueron grabadas a causa de los gastos que suponían u otras complicaciones. ¡Con un poco de suerte ahora podré grabar más música de este tipo!